Síndrome del Nido vacío
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Cuando se tienen hijos, además de ocuparnos a diario de su cuidado y atención, constantemente pensamos en ese momento el que crezcan y se hagan hombres y mujeres de bien. Con el tiempo, ese momento finalmente llega, y con él, una serie de emociones y sentimientos en su mayoría negativos, que se conocen como Síndrome del Nido vacío.

Aunque no se trata de una entidad clínica o etiqueta diagnóstica como tal, el Síndrome del Nido Vacío es muy conocido en nuestros tiempos, y se le ha brindado la atención que amerita. No se trata más que de esa sensación de vacío, tristeza, nostalgia, soledad, ansiedad e incluso irritabilidad, a causa de la partida de los hijos del hogar para formar sus propias familias o forjar su futuro.

Es mayormente experimentado en mujeres, puesto que por cultura, la mujer desde siempre ha asumido el papel de cuidadora, además de vivir la experiencia de llevarlos en su vientre, lo que suele crear un vínculo especial con los hijos. Sin embargo, son cada vez más los hombres que también experimentan estas sensaciones, porque se han dedicado de igual forma al cuidado y crianza de los hijos.

Aunque no es el del todo un síndrome negativo, puesto que es mucho más común de lo que se cree, y forma parte del proceso natural de duelo que se vive cuando se debe dejar ir a los hijos, sí puede tener consecuencias negativas a nivel personal o en la relación de pareja, si no se cuentan con las estrategias correctas para afrontarlo.

Muchas parejas que se avocan única y exclusivamente a sus hijos, pierden esa esencia de pareja como tal, esa complicidad y romanticismo porque su relación se ve sostenida únicamente por los hijos. De allí, que cuando los hijos se van, poco a poco la relación de pareja también se diluya, porque eso que la sostenía, ya no está.

También puede suceder que uno de los dos miembros de la pareja pueda adaptarse más rápido a los cambios, y esta diferencia en los tiempos de adaptación, puede crear conflictos. Evitar este tipo de situaciones no tiene que ser del todo complicado, si entendemos lo que está sucediendo, y tomamos las previsiones necesarias.

Lo principal a entender, es que es un proceso natural por el que atraviesan todas o la mayoría de las familias, y que como todo, con el tiempo, las sensaciones negativas pasarán. Vivir el momento, experimentar todos los sentimientos, incluso aquellos que puedan no gustarnos, es necesario para afrontar esta situación con sabiduría.

La vida en sí implica cambios, y el hecho de que los hijos partan del hogar, es simplemente uno más de ellos. Cultivar la relación de pareja mientras los hijos aún están en casa es también de vital importancia, porque además de ser padres también se es pareja, y ambos títulos necesitan la misma atención.

Así que anticipar lo que pueda ocurrir y prepararte para ello, será clave para afrontar esta etapa de la vida. Fomenta en tus hijos la independencia desde tempranas edades, siempre teniendo límites, pero ajustándolos a su edad, madurez emocional y nivel de desarrollo.

Por otra parte, el hecho de que los hijos se vayan del hogar, no quiere decir que tu rol como padre o madre ha terminado, ni mucho menos que dejaron de ser tus hijos. Independientemente de si solo se han mudado de casa, o si se han ido a vivir a otra ciudad o país, donde quiera que estén seguirán siendo tus hijos, y ese vínculo no debe romperse.

Aprovecha las ventajas quela tecnología actualmente nos ofrece para mantener contacto constante y directo con tus hijos, a través de video llamadas, notas de audio, correos, mensajería de texto, llamadas, e incluso redes sociales. De esta forma te sentirás más cerca de ellos y el proceso de adaptación se hará más fácil.

Sin embargo, es importante que cuando te comuniques con tus hijos, trates de transmitirle lo orgulloso/a que te sientes de ellos, de lo que han logrado y de su determinación para tomar decisiones propias y tomar las riendas de su vida, y evites llenarles de sentimientos de tristeza y comentarios negativos que puedan afectarles.

Es válido decirles lo mucho que les extrañas y lo mucho que los amas, pero hacerles saber constantemente lo triste que estás, sólo logrará entristecerlos a ellos también.

Aprovechar el tiempo libre que ahora se tiene para dedicarlo a nuevas actividades puede ser también de mucha ayuda. Retomar un hobbie que habíamos dejado o comenzar con uno nuevo, practicar algún deporte o ir al gimnasio, planificar salidas o encuentros con la pareja o grupos de amigos, te ayuda a recrearte, mantener tu mente ocupada y devolverle vitalidad al cuerpo.

Finalmente, si la pareja aún está unida, apóyate en él o ella, ambos están pasando por lo mismo y nadie podrá entenderlos mejor que ustedes mismos. Aprovechen la ocasión para reconectar el uno con el otro, ténganse más paciencia de lo habitual puesto que podrían estar más irritables, y sobre todo, continúen amándose como el primer día.

Si por el contrario, la pareja de disuelto por cualquier razón, buscar ayuda es igualmente necesario e importante. Apóyate en amigos y familiares, o personas cercanas que estén pasando por la misma situación. Eventualmente todo pasará, podrás visitar a tus hijos o ellos a ti cuando las condiciones estén dadas, y lo más importante, sin importar qué, seguirán siendo tus hijos y seguirán necesitando de sus padres.

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Psicóloga egresada de la Universidad Rafael Urdaneta de Maracaibo, Edo. Zulia (Venezuela) desde hace 5 años. Especializada en el área infanto-juvenil y familiar, con estudios en Duelo, Crianza, Pedagogías Alternativas y Certificada como Psicoterapeuta Existencial por el Colegio Latinoamericano de Psicología Comprensiva. Actualmente trabajando en la línea de Reeducaciones Psicopedagógicas para niños y adolescentes con diagnóstico de TDAH.