cuando guardas rencor

En nuestras relaciones interpersonales es común que no siempre estemos de acuerdo, porque todos tenemos ideas y pensamientos diferentes que en ocasiones pueden no coincidir con las ideas o pensamientos del otro.

Es incluso hasta sano que de vez en cuando existan ciertas discusiones en nuestras relaciones sean del tipo que sean, siempre y cuando éstas sean solventadas con respeto, calma y cordura.

Sin embargo, hay momentos en los que estas diferencias y la frustración del momento pueden llevar a que la otra persona diga o haga cosas que pueden resultarnos bastante hirientes, y es allí donde se originan en nosotros sentimientos igualmente negativos de rabia o ira, que pueden ser difíciles de superar.

Esto es lo que conocemos como rencor, ese sentimiento de rabia que queda grabado en nosotros cuando sentimos que alguien nos ha herido o nos ha traicionado.

Muchas veces con el pasar del tiempo y una buena conversación con esa persona, logramos que ese sentimiento desaparezca y podemos continuar con la relación (de amistad, amorosa, familiar, etc.), sin embargo, muchas otras veces el rencor o resentimiento es tan grande, que difícilmente logramos superarlo y perdonar a esa persona.

Y ¿Qué pasa cuando guardas rencor?

Guardar rencores o resentimientos es algo que únicamente es responsabilidad del que lo siente, aunque la otra persona nos haya herido, somos nosotros los responsables de decidir si perdonamos y seguimos adelante, o si por el contrario nos quedaremos con esa rabia del momento.

Cuando sentimos rencor, los únicos afectados somos nosotros mismos, puesto que aunque la otra persona probablemente también se sienta mal por habernos herido, al final entenderá que no hay nada que pueda hacer para devolver el tiempo y cambiar las cosas, pedirá perdón y quizás esto le brinde un poco de paz.

Por otro lado, también existe la posibilidad de que no sienta que nos ha traicionado, o no le importe realmente el habernos herido, y es allí cuando aún más daño nos hace a nosotros guardar rencores.

Cuando guardas un rencor, ¿Te has detenido a pensar si a la otra persona realmente le importa? Si sabes que no, ¿De qué te sirve entonces quedarte con ese resentimiento?

Sentir rencor lo único que logra es desgastarnos, nos quita energía vital porque perdemos mucho tiempo pensando en cómo esa persona nos hirió, tiempo que fácilmente podemos invertirlo en cuestiones más productivas.

Además, guardar resentimiento poco a poco nos va destruyendo a nosotros mismos, cuando lo hacemos tendemos a estar más irritables de lo normal, cansados, y en la mayoría de las ocasiones llegamos a crear una coraza dentro de nosotros como forma de “protección” para que no nos vuelva a ocurrir lo mismo, y lo que realmente logramos, es alejar a personas significativas para nosotros, o perdemos la oportunidad de conocer a otras personas que pueden llegar a aportarnos mucho.

Enfrentémoslo, ¿Quién quiere relacionarse con alguien que todo el tiempo está amargado? Que vive estancado en el pasado, que se cierra ante la oportunidad de conocer gente nueva.

Así que, si es tu caso y guardas algún rencor, lo mejor que puedes hacer por ti mismo es perdonar y dejar ir.

Quizás se lea más sencillo de lo que es, sin embargo cuando finalmente tomas la decisión, verás que poco a poco tus heridas irán sanando y podrás sentirte más en paz.

Ahora, esto no quiere decir que anularás tus emociones de ira o frustración, al contrario, cuando una persona nos hiere es normal y hasta sano que nos sintamos tristes y enojados, y esas son emociones que nos tenemos que dar el permiso de sentir y experimentar.

Pero una vez que lo hayamos hecho, también tenemos que darnos el permiso de perdonar, y para hacerlo no necesariamente tenemos que decírselo de frente a la persona que nos hirió, el perdón está en ti mismo y solo tú tienes la capacidad de hacerlo.

Cuando perdonamos quizás la otra persona también se sienta más tranquila, pero serás tú mismo quien experimente la mayor sensación de paz y tranquilidad, porque habrás dejado ir todos esos sentimientos que te ataban, que suponían una carga en ti, que te controlaban y te quitaban vitalidad, para darle paso a días más armoniosos que te brindarán bienestar.

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Psicóloga egresada de la Universidad Rafael Urdaneta de Maracaibo, Edo. Zulia (Venezuela) desde hace 5 años. Especializada en el área infanto-juvenil y familiar, con estudios en Duelo, Crianza, Pedagogías Alternativas y Certificada como Psicoterapeuta Existencial por el Colegio Latinoamericano de Psicología Comprensiva. Actualmente trabajando en la línea de Reeducaciones Psicopedagógicas para niños y adolescentes con diagnóstico de TDAH.