Seguramente, muchos nos hemos encontrado ante personas, cuyas acciones no logramos comprender. Se muestran impulsivas pero justifican sus conductas, tienen miedo a la soledad y sin embargo con su comportamiento pareciera que quisieran alejar a los demás.

Ante esto, probablemente nos encontremos frente a un posible Trastorno Límite de la Personalidad.

Para poder entender de qué se trata este trastorno, debemos comenzar por entender qué es la personalidad.

Normalmente, cuando hablamos de “personalidad” hacemos referencia a un conjunto de características que definen a una persona, pero la personalidad va mucho más allá.

La personalidad comprende el conjunto de sentimientos, actitudes, emociones y pensamientos que se relacionan con la conducta de un individuo, que forman parte de su esencia e individualidad, y que determinan su forma de actuar ante determinadas situaciones.

En pocas palabras, la personalidad es lo que nos hace diferentes los unos de los otros.

Ahora bien, cuando se trata de un Trastorno de Personalidad, según los manuales diagnósticos oficiales como el DSM V, podemos definirlo como una experiencia interna y un comportamiento que se desvía significativamente de lo esperado de acuerdo al entorno cultural, y que representa un patrón inflexible y estable a lo largo del tiempo, produciendo malestar en quien lo padece.

Es decir que, aunque todo tengamos rasgos de personalidad diferentes, hay aspectos o cosas que son esperadas y que vienen dictadas por los patrones de “normalidad”, por lo que cuando hablamos de Trastornos de la personalidad hacemos referencia a esos rasgos o características de la personalidad que se alejan significativamente de lo “normal” o esperado.

Los trastornos de personalidad son diversos, sin embargo, uno de los más típicos y del que se habla poco, es el Trastorno Límite de la Personalidad, también conocido como Personalidad Borderline. Probablemente muchos de nosotros hemos conocido a personas que reúnen las características de este trastorno, pero no conocemos la información para poder identificarlo.

El Trastorno límite de la Personalidad o personalidad borderline, más que una enfermedad, puede tratarse realmente de un síndrome, puesto que aún no se conoce una causa en específico que pueda dar pie a su origen, y así como todas las personas son diferentes, sus manifestaciones tienden a variar de persona a persona. Sin embargo, los síntomas suelen ser comunes.

Por ejemplo, la personalidad borderline se trata más que todo de un patrón de inestabilidad, emocional y conductual. Típicamente, son personas impulsivas, cuyo estado de ánimo cambia constantemente, pasando de la ira a la tristeza, y luego a la excitación, sin embargo, los cambios de humor se diferencias de un Trastorno Bipolar o Ciclotimia.

Por ende, son personas que tienden a tomar decisiones apresuradas, sin pensarlas, y que se dejan llevar por el impulso, llegando a cometer actos poco apropiados o exagerados y cargados de emocionalidad, para luego justificarse por ellos.

Presentan una intensa necesidad y deseo de establecer relaciones y vincularse con otras personas, especialmente relaciones de tipo romántico, pues necesitan de la “seguridad” o más bien, estabilidad, que una pareja les pueda brindar. Por ende, es común que salten de una relación a otra, sin darse el tiempo de sanar las heridas o vivir el duelo propio de una separación.

Esta necesidad intensa de establecer vínculos, los lleva a idealizar a la persona con la que se relacionen, al punto de temer profundamente que les abandonen. En cierto punto puede parecerse a una dependencia emocional, puesto que se siente un profundo temor de ser abandonado por la pareja.

Sin embargo, una persona borderline se diferencia de una dependiente, porque producto de su temor intenso a ser abandonados, manifiestan episodios igualmente intensos de ira que reflejan en sus parejas, puesto que el más mínimo comentario por parte de la pareja puede ser interpretado como un indicio de que quieren abandonarles.

Luego de los episodios de ira pueden presentarse conductas sumisas o complacientes, como forma de retener a la pareja, o por el contrario, pueden presentarse amenazas de suicidio o intentos de hacerse daño a sí mismos o a la pareja, como forma de retenerlas. Todo se convierte entonces en un círculo vicioso.

La inestabilidad que representa este trastorno, suele estar reflejada igualmente en la autoestima de la persona que lo padece, de allí su temor a ser abandonados, puesto que en el fondo, no se sienten merecedores de tener una pareja.

Suelen ser sumamente severos a la hora de juzgar a los demás y juzgarse a sí mismos, tendiendo a basar sus juicios y opiniones en las últimas acciones propias o de los demás, sin tomar en cuenta sus acciones anteriores. Es decir, basan sus opiniones en los últimos éxitos o fracasos propios y de las demás personas en su entorno.

Las autolesiones y los intentos de suicidio suelen ser comunes también en este trastorno. Aunque en la mayoría de los casos son una forma de amenazar a la pareja para que no les deje; en otros casos puede darse como consecuencia a síntomas depresivos que también son comunes en el trastorno.

La impulsividad, puede manifestarse de diferentes formas; por ejemplo, a la hora de tomar decisiones laborales o personales, como atracones de comida, en el sexo (pueden tener muchas parejas sexuales), como especie de manía, despilfarrando dinero, o a través de conductas de riesgo como abuso de drogas o alcohol.

Constantemente sienten una sensación de vacío, lo que los lleva a esa necesidad de relacionarse, o tratar de llenarlos con acciones impulsivas. Por ende, son personas que tienden a sentirse solas, porque sienten que nadie les entiende. Pueden estar rodeadas de personas y aún así sentirse solas, incomprendidas y vacías.

En ocasiones, episodios psicóticos pueden aparecer, sin embargo estos suelen ser cortos y no son estables en el tiempo; por lo que no es un diagnóstico que entra dentro de los Trastornos Psicóticos.

Como bien expliqué, las manifestaciones pueden variar de una persona a otra, sin embargo, éstas son las características más comunes. El tratamiento para esto tipo de trastorno requiere de psicoterapia, puesto que lo que se busca no es que la persona se “cure” sino que aprenda a vivir con sus características, pueda manejarlas y que no le produzcan malestar.

En algunos casos se requiere el uso de fármacos, en especial para los casos que además presentan síntomas depresivos, ansiedad intensa, episodios psicóticos, o simplemente medicación para el control de los impulsos.

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