Los tatuajes han existido desde hace suficientes años atrás, bien sea como forma de arte y expresión social y personal, o como forma de rendir un tributo cultural o religioso. Y así como han existido y estado entre nosotros desde hace muchos años, también existen las opiniones encontradas, los comentarios negativos y los prejuicios al respecto.

Si bien es cierto que la televisión, el cine y la sociedad en general han contribuido con el estereotipo de que la personas con tatuajes suelen ser personas malas o delincuentes, es una simple percepción sin basamento científico ni prueba alguna.

El hecho de que una persona tenga tatuajes no lo hace un delincuente ni mucho menos, incluso se dice que muchas de las grandes personalidades de la historia como Winston Churchill, Roosevelt y Thomas Edison, tenían tatuajes.

Son muchas las razones que pueden llevar a una persona a tomar la decisión de tatuarse, usualmente lo hacen como forma de expresión corporal, porque sí, el tatuar es un arte.

Otras veces para rendir tributos a personas importantes en sus vidas (vivas o que hayan fallecido), o para marcar un momento determinante en sus vidas que han logrado superar. Incluso otras veces es por simple gusto, por moda, porque estaban ebrios o simple rebeldía adolescente.

Lo que sí es cierto es que son pocas las veces que lo hacen para probar cuán malas personas son. El delincuente lo es porque así lo decidió y fue eso lo que aprendió de su entorno, no porque un tatuaje lo haya llevado a serlo.

De igual forma, hay muchas personas en la calle sin ninguna buena intención, que no tienen tatuaje alguno.

Entonces sí, son muchos los prejuicios que se han creado alrededor de las personas que tienen tatuajes, porque a los humanos se nos hace más fácil juzgar de entrada, antes que darnos a la tarea de conocer realmente a la persona que hay debajo de esa tinta. La personalidad de una persona, sus intereses, sus habilidades y destrezas no vienen dictadas por la cantidad de tatuajes que tengan, porque son aspectos que no los determina un poco de tinta en la piel, sino más bien la crianza y el entorno en el que se han desenvuelto.

Es increíble ver a cantidad de personas que son rechazadas en puestos de trabajo por tener tatuajes muy visibles, y sin embargo al mismo tiempo, admiramos con frenesí a actores, actrices, cantantes y grandes personalidades del espectáculo que ni siquiera conocemos y están tatuados. Es allí donde cabe preguntarnos, ¿Es eso realmente justo?

Un tatuaje no determina el carácter de una persona, y si bien es cierto que cada empresa o jefe puede (y debe) tener sus políticas y códigos de vestimenta, el tener tatuajes no debería ser un motivo de rechazo en el mundo laboral. Es como si no te aceptaran en un trabajo porque decidiste pintarte el cabello de rojo, o expulsaran a tu hija adolescente del colegio porque ha llevado las uñas pintadas.

Vivimos en una sociedad sumamente crítica y juiciosa, que cada vez nos aleja más del contacto y las relaciones con verdadera calidad humana.

La decisión de tener tatuajes o no es algo muy personal, porque hay a quienes les gustan y hay a quienes no les gustan, pero independientemente de ello, es algo qu no debería determinar qué oportunidades recibes o en qué entornos eres aceptado.

Cada quién debería ser libre de tomar sus propias decisiones y expresarse como mejor lo prefiera, sin dañarse a sí mismo ni a otros.

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