Padres que dan todo a sus hijos
©: alphaspirit / 123RF Stock Photo

Pasamos la vida deseando, fijándonos metas y planteando objetivos para alcanzarlas. Cuando somos chicos queremos crecer para trabajar y tener mucho dinero, en la adolescencia queremos graduarnos del colegio rápidamente para iniciar la universidad y vivir nuevas experiencias.

Al salir de la universidad pensamos en casarnos y formar una familia. Y sí, finalmente pasa, crecemos, conseguimos un buen trabajo, nos casamos e iniciamos una familia y un hogar.

Ciertamente de chicos o adolescentes cuando nos imaginábamos esos momentos, no sabíamos realmente a qué nos enfrentaríamos, no teníamos forma de saber cómo sería más allá de nuestra propia imaginación y lo que hemos observado en nuestros hogares.

No nos enseñan a ser padres ni tenemos cómo aprenderlo hasta que nacen lo hijos, que además no vienen con ningún manual más que ellos mismos, y es entonces en el proceso de la crianza que vamos aprendiendo.

Es común que cuando nos convertimos en padres, una de las principales premisas que queremos implementar en la crianza es la de “no cometer los mismos errores que nuestros padres” o “darles  a mis hijos todo lo que yo no pude tener”.

Si bien es cierto que queriendo ser padres amorosos buscamos que nuestros hijos tengan una infancia diferente o mejor a la que tuvimos, estos comportamientos no siempre parten desde el amor, sino más bien desde nuestras propias carencias y nuestro niño interno que sido herido.

Es entonces cuando comenzamos a darle todo a nuestros hijos, los llenamos de regalos y juguetes para que no sientan que les falta nada, los llevamos a destinos exóticos de vacaciones para que conozcan siempre nuevos lugares, los inscribimos en los mejores colegios y si es necesario buscamos hasta quien haga las tareas con ellos. Los socorremos en todo, no les permitimos sentir tristeza o frustración alguna. Estamos allí 24/7 para complacerlos.

Y sí, puede sonar muy bonito, podemos parecer padres excepcionales, sin embargo ¿realmente nos hemos detenido a pensar que buscamos y qué logramos con todo eso? Les compramos regalos y juguetes pero no dedicamos tiempo a jugar con ellos, los llevamos de vacaciones pero les tenemos tantas actividades planificadas que es poco el tiempo de disfrutar en familia, los inscribimos en los mejores colegios pero no tenemos tiempo para hablar con ellos y saber qué están aprendiendo y cómo se sienten.

Entonces, ¿Realmente estas dándoles todo lo que quieren y necesitan? Tendemos a pensar que los niños y sobre todo a edades tempranas, solo necesitan juguetes para estar tranquilos y felices, cuando lo que en realidad necesitan es a unos padres amorosos, presentes y comprometidos.

Muchas veces tendemos también a darles todo lo que piden desde la culpa, porque estamos tan ocupados en nuestros trabajos y día a día que no tenemos tiempo (o no buscamos el tiempo) para compartir con ellos, y preferimos llenar esos vacíos con cosas materiales.

Es de allí, desde ese darles todo, de donde nacen los malos comportamientos y es entonces que culpamos a los niños. Pero veámoslo desde este punto de vista, ¿Cómo podemos esperar que un niño no haga un berrinche cuando no obtiene lo que quiere, si nunca se le ha negado nada? ¿Cómo culpar a un adolescente que obtiene lo que desea a toda costa y sin importar nada ni nadie, si aprendió que es así como puede obtenerlo?

Un niño que crezca acostumbrado a recibir todo lo que quiere y más allá, difícilmente podrá establecer en la adultez la diferencia entre lo que es necesario y lo que es mero capricho. Crecerán dependientes porque no habrán aprendido acerca del valor del trabajo y el esfuerzo para conseguir lo que se desea, ya que todo se les ha dado.

Son niños que no saben de límites porque no se les han enseñado. Y esto no sólo repercute en el aspecto familiar, sino también a nivel escolar, social y más adelante cuando hayan crecido, a nivel laboral.

Aceptémoslo, ningún niño quiere relacionarse con otro que no sepa cómo aceptar que ha perdido, que no desee compartir, que presuma constantemente de todo lo que tiene, y que tengan poco control (o ninguno) sobre sus emociones.

Incluso, en la mayoría de los casos, crecerán con un control emocional pobre, porque al evitarles a toda costa que sientan tristeza o frustración, no les estaremos enseñando las formas adecuadas de manejar esos sentimientos. Una cosa es que queramos que sean felices, y otra muy diferente es complacerles en todo sin establecer límite alguno.

Muchas veces nos encontramos también ante padres que llegan a ser esclavos de sus hijos, en el sentido de que están tan acostumbrados a recibir todo lo que quieren, que los padres no ven otra alternativa que trabajar incansablemente para poder cumplir con todos sus requerimientos. Es entonces cuando tenemos que preguntarnos, ¿Es esto sano? Probablemente si te haces esta pregunta y la analizas a profundidad, te darás cuenta que la respuesta es un rotundo NO.

No es sano que los niños crezcan sin límites ni mucho menos que aprendan que pueden obtener lo que deseen sin esfuerzo. No es sano que ante los vacíos emocionales porque no podemos estar presentes queramos llenarlos con cosas materiales. No es sano que les evitemos el sufrimiento a toda costa porque el sufrimiento es parte de la vida.

Lo que sí es sano es enseñarles el valor del trabajo, recompensarles cuando han hecho algo bueno o han alcanzado un logro o una meta. Sí es sano enseñarles que está bien estar triste a veces, porque la tristeza es una emoción tan importante como cualquier otra y debemos darnos el permiso de sentirla.

Sí es sano colocarles límites dentro de su libertad de ser niños, límites que sin cohibir su desenvolvimiento los guíen y les enseñen el camino.

Finalmente, sí es sano ser padres presentes e interesados, con toda seguridad vale mucho más para tu hijo o hija que dediques tan sólo 30 minutos de tu tiempo a solo jugar con ellos, reír y compartir esos momentos que más adelante, cuando estén más grandes extrañarás.

Haz click aquí para ver la segunda parte de este artículo.

***Si te gustó este artículo, suscríbete a nuestro boletín semanal donde recibirás temas que son de tu interés, al igual que podrás colaborar con ideas y recomendaciones para nuestro equipo de escritores.

Para suscribirte completa el siguiente formulario con tu nombre y dirección de correo electrónico.