la rutina
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Cuando se inicia una relación, bien sea un noviazgo o matrimonio, usualmente las parejas se sienten en el mejor momento de sus vidas. Sobran las expresiones de amor, las palabras cariñosas, los cumplidos, los detalles y los esfuerzos por hacer a la otra persona feliz, porque  todo es nuevo y emocionante, y se mantiene la ilusión de algo que está comenzando.

Con el tiempo esa emoción e ilusión van disminuyendo, no necesariamente porque se acabe el amor (aunque en algunos casos pueda ocurrir así) sino más bien porque poco a poco después de conocer lo suficiente a esa persona, las palabras de cariño se hacen monótonas, los lugares que frecuentan son los mismos, los planes se vuelven cuestiones casi fijas, y así poco a poco le vamos dando espacio a la rutina y la costumbre para que entren en nuestra relación de pareja.

Si bien es cierto que es casi imposible escapar a ello, puesto que aunque cueste aceptarlo la costumbre forma parte de una relación de pareja, tendemos a dejar que nos afecte más de lo que debería, al punto de que nos volvemos tan rutinarios, que la relación termina por tornarse aburrida y perdemos el interés, incluso hasta el punto de tener que terminarla.

Se vuelve incluso motivo de conflictos, especialmente para las mujeres, porque el estilo rutinario, la monotonía, la pérdida de interés y los detalles nos llena la cabeza de dudas, logrando que pensemos que quizás ya esa persona no nos quiere o tiene a alguien más a su lado y por ello ha perdido las ganas de mantener la chispa en la relación, y solo se queda por costumbre.

Sin embargo, esto no tiene que ser así. Aunque la costumbre sea parte de las relaciones de pareja, el salir de vez en cuando de ella también es necesario si se quiere mantener la relación viva, y el hacerlo depende de ambos miembros de la pareja. El primer paso para salir de la rutina es identificar que es eso lo que está afectando la relación; acá algunas señales de ello:

  • Sentimiento de monotonía. Sin bien es cierto que las rutinas son parte de nuestra vida y que incluso son necesarias para funcionar, porque nos brindan control y seguridad; cuando forman parte de la relación romántica de pareja como tal, es cuando el problema se inicia. La convivencia es una cosa, y para ello si es necesario que nos acostumbremos a la otra persona y sus modos, es allí donde las rutinas nos proporcionan estabilidad y buenas relaciones. El encuentro entre los miembros de la pareja es algo muy distinto, y es en este aspecto donde no debemos dejar que la rutina se vuelva parte de nuestras vidas. Si sientes que tu relación se ha tornado monótona, porque visitan los mismos lugares de siempre, hacen los mismos planes todas las semanas de visitar a la familia e ir a comer algo, se despiertan y se van a la cama todos los días a la misma hora, conversan sobre los mismos temas la casa, los trabajos, los hijos y las deudas; e incluso tienen sexo los mismos días siempre (los fines de semana suelen ser estos días) o peor aún, ya no tienen sexo, es una señal clara de que están dejando que la rutina mate la chispa.
  • Sensación de Abandono. Y aquí podemos hablar de muchos tipos de abandono y no tienen que presentarse todos al mismo tiempo para que sea importante. Podemos hablas de abandono emocional, social, físico o sexual; cualquiera de ellos que se presente es un signo de que la rutina nos está ganando. Uno o ambos miembros de la pareja tienden a sentirse solos incluso cuando están juntos; el sexo se vuelve frío y sin emoción, como si ya no existiera esa conexión que en un principio los unió; y pareciera que ya hay interés por el día a día del otro.
  • Ganas de volver a los inicios de la relación. Si bien es cierto que todo comienzo es emocionante, y las relaciones no son la excepción, en una relación de pareja todas las etapas que se viven tienen su carga de emocionalidad, de expectativas y de alegría. Por lo que si te embarga un sentimiento de añoranza por aquellos tiempos en los que iniciaba el noviazgo, al punto de no permitirte disfrutar los del presente, probablemente la rutina esté ganando la batalla.
  • Sentimiento de fastidio. Es algo que suele suceder más seguido de lo que creemos cuando la rutina ya ha ganado mucho terreno, y que es bastante difícil de admitir. Pasa que uno o los miembros de la pareja ya ha perdido casi todo el interés, por lo que se siente aburrido, incluso al punto de sentir que todo lo que tiene que ver con el otro miembro de la pareja, le fastidia. Ya en este punto es algo difícil revivir la relación, sin embargo, como la mayoría de las cosas en la vida, tampoco es imposible, sólo tomará un poco más de tiempo y dedicación.

Éstas son algunas señales que te ayudarán a identificar si la rutina está ganando la batalla en tu relación, y te permitirá trabajar para que esto no siga sucediendo. Quizás el revivir la llama en una relación pueda ser un poco más difícil de lo que parece, pero si el amor aún existe ya tendremos la mitad del camino recorrido.

Basta con identificar lo que está sucediendo, y como pareja conversar y establecer acuerdos al respecto. La comunicación siempre va a ser vital en una relación de pareja, puesto que la única forma de que la otra persona se entere de lo que nos pasa, es si cada quien lo expresa verbalmente.

En estos casos no se trata de buscar culpables, sino más bien de que como pareja busquen las formas de evitar que la rutina y la costumbre afecten la relación. Cada pareja es diferente por lo que cada una encontrará sus maneras, pero pueden comenzar por cosas tan sencillas como enviar un mensaje de texto o hacer una llamada a media mañana sólo para saludar y recordarles lo mucho que les queremos (y/o lo mucho que les deseamos).

O preparar un desayuno, almuerzo  o cena especial en un día de semana, incluso sorprenderlos en el trabajo con una merienda. Atreverse a tener relaciones un día de semana o en plena madrugada cuando te levantaste por un vaso de agua; y así un sinfín de cosas más que pueden lograr reavivar la chispa.

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Psicóloga egresada de la Universidad Rafael Urdaneta de Maracaibo, Edo. Zulia (Venezuela) desde hace 5 años. Especializada en el área infanto-juvenil y familiar, con estudios en Duelo, Crianza, Pedagogías Alternativas y Certificada como Psicoterapeuta Existencial por el Colegio Latinoamericano de Psicología Comprensiva. Actualmente trabajando en la línea de Reeducaciones Psicopedagógicas para niños y adolescentes con diagnóstico de TDAH.