hijos de la pareja
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Al momento de establecer una relación, ciertos momentos de la misma pueden ser incómodos o generarnos gran ansiedad.

El conocer a la familia es uno de ellos puesto que de inmediato le da un nuevo significado a la relación y se asume un compromiso mayor.

Sin embargo, si además de eso le sumamos que la pareja tiene hijos, la situación es aún más comprometedora.

Sin duda alguna, el conocer y tener que relacionarse con los hijos de la pareja puede resultar bastante angustiante, tanto para los niños (o adolescentes) como para ambos miembros de la pareja, porque a fin de cuentas, la opinión de ellos después de la propia, es la más importante.

Son diversas las actitudes que podemos llegar a tomar al respecto, porque cada persona es diferente y encontrará la mejor forma (a su parecer) de enfrentar la situación, sin embargo algo que sí debemos reconocer es que igualmente cada niño también es diferente, y cada uno reaccionará a su ritmo, por lo que experiencias pasadas de relaciones anteriores o ejemplos de amigos cercanos en la misma situación, quizás puedan servirnos de consejo, pero no siempre aplican de la misma forma.

Hay personas que optan por ignorar a los hijos de la pareja. Hacen como si no existieran y evitan relacionarse con ellos, principalmente bajo la creencia de que se está con la persona que se quiere estar, y no con sus hijos.

Lamentablemente, aunque al principio esto pueda funcionar, a la larga puede causar grandes consecuencias negativas en la relación, porque para esa persona sus hijos siempre serán prioridad.

Otras personas, especialmente las que aún no tienen hijos (y desean tenerlos) asumen con rapidez un rol parental, comportándose como una extensión de los padres en todo el sentido de la palabra, buscando igualmente enseñar disciplina y normas, y sirviendo de apoyo a los niños más allá de lo que se espera (como lo haría una madre o un padre).

Aunque ésta en principio parezca una decisión acertada, no en todos los casos es así, incluso en la mayoría de los casos no es así.

Algo que debemos entender al respecto es que aunque hayamos formalizado una relación (sea por matrimonio o no) con una persona que tenga hijos, esto no quiere decir que debemos ser madres o padres de esos niños.

Incluso, realmente no lo somos, e intentar serlo o querer asumir ese rol, en muchos casos crea resentimiento en los niños, porque para eso ellos tienen una madre y un padre que aunque estén separados, cumplen con sus funciones.

Aún y cuando el otro progenitor esté ausente, es realmente bastante difícil querer reemplazar o llenar los zapatos de una persona tan significativa en los niños.

Es por ello que lo ideal sería tomar una actitud neutral, no se trata de ignorar su existencia porque al final, como hijos de nuestra pareja siempre van a estar presentes, pero tampoco de suplir un rol que no nos corresponde.

Es mejor encontrar un punto medio y relacionarse con ellos desde tu posición de adulto significativo en la vida de su padre/madre, o como lo haría cualquier otro adulto en sus vidas. Establecer una relación empática y de confianza, siempre entendiendo que cada niño es diferente y se adaptará a su ritmo, por lo que hay que tener paciencia y no forzar las cosas.

De esta forma, podremos crear un vínculo sano y bastante especial con ellos, porque aunque no cumpliremos un rol parental, seremos para ellos igualmente adultos significativos con los que podrán contar en caso de que lo necesiten.

Se trata de que te vean como un adulto que además es su amigo, y que aunque no es su padre o madre, puede igualmente ayudarles en su crecimiento y guiarlos por los caminos que decidan transitar.

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