Emociones en la Navidad - Psicología en Acción
Foto cortesía de Stock Unlimited

La navidad, y la época decembrina en general, suele ser un momento en el que se experimentan un sinfín de emociones y sentimientos.

La mayoría positivas, alegría, entusiasmo, amor, y ganas de compartir todo eso con nuestros familiares y amigos más cercanos.

Sin embargo, hay ocasiones en las que las emociones negativas también pueden aparecer.

Y es que, las emociones o el estado de ánimo que manifestemos en esta época, no sólo depende del ambiente en el que nos encontremos, sino también de nuestra situación actual, y los eventos que hayan ocurrido en fechas cercanas.

Por ejemplo, muchas personas se sienten tristes, melancólicas, con nostalgia, agobiadas o frustradas durante esta época, especialmente cuando ha habido alguna muerte cercana en la familia, una separación por divorcio o migración, cuando la situación económica personal o del país les afecta significativamente, o simplemente cuando están lejos del hogar o país natal.

Incluso, puede ser una época de mucho estrés y ansiedad cuando al reflexionar sobre el año que pasó, la persona se da cuenta de que no logró todo lo que quería o no alcanzó sus propias expectativas.

Si a todo esto le sumamos el ajetreo típico de esta época, las constantes reuniones, el trabajo que debe finalizarse ante de las vacaciones decembrinas, etc., el estrés y la ansiedad aumentan.

Y es que, ante este tipo de situaciones, y ante cualquier situación en general, independientemente de la época del año, cualquier emoción es válida, y como tal debe atenderse.

Sin embargo, más allá de las emociones que la Navidad y el Fin de año produzcan en nosotros, lo importante es qué hacemos con lo que sentimos y cómo lo manejamos.

Sentirse tristes o melancólicos, incluso frustrados es completamente válido y aceptable, como toda emoción debemos permitirnos sentirnos de esa forma ya que es completamente sano, lo que no es sano es estancarnos en esa emoción.

Si bien podemos sentir malestar por diversas situaciones que aparentemente toman más peso en este mes, la Navidad de por sí es una época de alegría, de compartir, de dar y recibir amor, de reconectar con familiares y amigos, e incluso de conexión con uno mismo, por lo tanto, todos estos aspectos positivos también deben aprovecharse.

En estos casos, lo primordial es entender que cada quien tiene el poder de manejar sus propias emociones, y que debemos darnos el permiso de sentir, pero además tener la voluntad de seguir, de avanzar y soltar.

Quedarse estancado en viejos rencores, frustraciones, preocupaciones y tristezas, sólo logrará amargarnos evitando que disfrutemos de tan bonita época, además de llevarnos a comenzar un nuevo año llenos de pensamientos negativos, cuestión que aunque no lo creamos, influye significativamente en cómo viviremos el resto del año.

Esto no quiere decir que deberemos olvidar nuestras tristezas y colocarnos una máscara de felicidad, más bien se trata de experimentar todas las sensaciones, aprendiéndolas a controlar. Si un familiar cercano ha fallecido recientemente, es normal que lloremos y nos sintamos tristes por no poder compartir con esa persona durante estos días.

No se trata de pasar por alto ese hecho y hacer como si no hubiera pasado, al contrario, podemos aprovechar la época para honrar a ese familiar, recordar los buenos momentos que se vivieron a su lado, al hacerlo seguramente habrán lágrimas, pero también habrán sonrisas al recordar los momentos felices.

Es tratar de encontrar un equilibrio, entre dejarnos sentir esas emociones negativas si es el caso, y dejarnos también contagiar por la alegría del momento.

Al hacer un recuento del año y reflexionar acerca de lo vivido, de lo que se logró y lo que no, destaca tus puntos positivos, incluso si crees no haber logrado nada, el solo hecho de permanecer aún de pie y tener la habilidad de identificarlo, es en sí, un logro.

No te estanques en aquello que no pudiste alcanzar, identifica los errores cometidos y tómalos como una oportunidad de aprendizaje, para replantearte las metas y establecer unas nuevas, corrigiendo esos detalles que no funcionaron. Como reza el dicho, “Si el plan no funciona, cambia el plan pero no cambies la meta”.

Y es que la llegada de un nuevo año se trata de eso, de reinventarnos, de cambiar esos planes que no funcionaron pero siempre teniendo claros nuestros objetivos y metas por cumplir. Llénate de pensamientos positivos, aunque en ocasiones las situaciones adversas lo hagan parecer imposible, siempre podemos encontrar algo positivo si observamos un poco más.

Agradece por lo que aún tienes y plantéate trabajar por lo que te falta por conseguir. Aún si tu situación económica no es la mejor, agradece que tienes salud y personas a tu lado que disfrutan de tu compañía. Incluso si no tienes pareja, agradece que tienes la oportunidad de conocer muchas personas nuevas e incluirlas en tu vida.

Aún y cuando ese familiar tan querido ha fallecido, agradece los buenos momentos que pudiste pasar a su lado y las experiencias y recuerdos que juntos crearon.

Finalmente, rodéate de familiares y amigos que te contagien de su buen humor. Esto no quiere decir que debas estar 24/7 en alguna reunión familiar o festejo, simplemente organiza tu agenda para que tengas tiempo de compartir con las personas que te aprecian, y deja tiempo para ocuparte de ti mismo.

No abarques más de lo que puedes, si un día deseas quedarte en cama y no asistir a alguna celebración, hazlo, podrás reunirte nuevamente al día siguiente, sólo no permitas que este se convierta en un estado permanente. Como dije anteriormente, la clave para el manejo de las emociones es saber encontrar un sano equilibrio.

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