miedo a la soledad
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En artículos anteriores he comentado que como seres humanos, somos seres relacionales, esto quiere decir, que constantemente buscamos relacionarnos con las personas de nuestro entorno. Sin embargo, muchas veces más allá de ser una característica del ser humano, se convierte en una necesidad por temor a quedarse solo. Pero, ¿Cómo afrontar el miedo a la soledad?

Comúnmente nos hemos encontrado con personas en nuestra vida (o quizás hayamos sido nosotros mismos) que saltan de un grupo de amigos a otro constantemente, o de una relación de pareja a otra, sin darse tiempo para sanar las heridas propias de la separación.

Cuando esto ocurre, más que tratarse de una persona en extremo sociable, regularmente este comportamiento esconde un profundo temor a la soledad, o a quedarse solos. Por ser seres relacionales, estamos acostumbrados a estar rodeados de personas, y por ende, no sabemos cómo estar solos, lo que nos produce gran ansiedad.

Para poder afrontar el miedo a la soledad, lo primero es entender que hay una gran diferencia entre estar solos, y sentirse solos. El estar solos muchas veces se trata simplemente de estar sin compañía en cualquier lugar; mientras que sentirse solos habla más de esa sensación de soledad que se presenta aún y cuando estamos acompañados, y que produce malestar.

Es decir, sentirse solos hace referencia más que todo, al tipo de relaciones que establecemos con las personas que nos rodean. Muchas veces podemos estar rodeados de personas que consideramos nuestros amigos, o incluso estar acompañados por nuestras parejas, y aún así nos sentimos solos.

Entender la diferencia entre ambas situaciones será pieza clave para poder afrontar el miedo, puesto que podremos identificar si queremos afrontar el miedo a estar solos en un espacio físico, o sentirnos solos emocionalmente.

Cuando hablamos de miedo a la soledad en términos de estar solos en un espacio físico, usualmente no se teme a la soledad en sí, sino a las ideas que tenemos de lo que pueda pasar si estamos solos, es decir, otros miedos entran en juego.

Por su parte, cuando se trata del miedo a la soledad en términos de sentirnos solos, hablamos más que todo del malestar emocional que produce el no tener o poder establecer una conexión con alguien más, bien sea en una relación de pareja, de amistad o familiar. Y éste, suele ser un miedo mucho peor.

Peor porque muchas veces esconde necesidades afectivas de la infancia que no fueron satisfechas, vacíos emocionales, dependencia afectiva, y/o baja autoestima. En cualquiera de los casos, hacer introspección y darnos cuenta de lo que nos sucede es necesario, y muchas veces necesitaremos la ayuda de alguien que vea la situación desde afuera, o ayuda profesional.

Poder afrontar el miedo a la soledad requiere de mucho valor, puesto que significa enfrentarse con quien puede ser tu mejor amigo y tu peor enemigo a la vez; tú mismo. Como todo, puede ser difícil pero no imposible, y al final te brindará gran satisfacción saber que cuentas con tu propia compañía.

La idea es comenzar poco a poco, y hacerlo progresivamente. Primero, fíjate en el tipo de relaciones que estableces, y cuan profundas son. Mientras más superficiales sean tus relaciones, más solo te sentirás y más miedo tendrás a verdaderamente quedarte solo.

Cuando tus relaciones son profundas, cuando estableces conexiones con otras personas, cuando sabes que cuentas con su apoyo; incluso en tus más grandes momentos de soledad, no te sentirás solo, porque sabrás que siempre tendrás alguien con quien contar, sin importar si están lejos o cerca.

Permítete compartir contigo mismo y conocerte. Muchas veces tememos estar solos, porque no nos conocemos y no sabemos qué hacer con nosotros mismos en esos momentos. Atrévete a salir a tomar un café tú solo/a, ir al cine o al teatro, permítete quedarte un sábado en cama leyendo un buen libro, viendo una película, o simplemente, date unos minutos para conocerte a fondo.

Esto te permitirá disfrutar de tu propia compañía, estar a gusto contigo mismo; y sentirte seguro independientemente de si estás acompañado o no, de si tienes pareja o no, de si tu grupo de amigos es grande o sólo tienes un amigo.

Finalmente, si sientes que de igual forma el temor a la soledad es algo que te abruma, te causa terrible malestar y no te permite establecer relaciones sanas; buscar ayuda nunca estará demás. Ve al psicólogo, pide una cita con un coach, ve a la iglesia, simplemente ve a cualquier lugar o habla con cualquier persona que sientas tiene la capacidad de ayudarte a enfrentar tu temor.

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Psicóloga egresada de la Universidad Rafael Urdaneta de Maracaibo, Edo. Zulia (Venezuela) desde hace 5 años. Especializada en el área infanto-juvenil y familiar, con estudios en Duelo, Crianza, Pedagogías Alternativas y Certificada como Psicoterapeuta Existencial por el Colegio Latinoamericano de Psicología Comprensiva. Actualmente trabajando en la línea de Reeducaciones Psicopedagógicas para niños y adolescentes con diagnóstico de TDAH.