Vivir implica necesariamente convivir con otras personas, para desgracia de algunos. Desgracia porque muchos a nuestro alrededor son infelices con sus vidas y solo se levantan cada mañana queriendo hacer infelices también a aquellos con tiene la desdicha de rodearlos. Sin embargo, como dice Gananci, “Los que aseguran que algo es imposible, no deberían interrumpir a los que están lográndolo”.

Por supuesto, no hay que dejar que las malas energías de otros nos afecten a nosotros, aunque al estar expuestos constantemente a ellos nos puede llegar a afectar en cierto nivel. Sin embargo, hay unos cuantos trucos que puedes poner en práctica para lograr que nada ni nadie penetre la burbujita de felicidad que has creado tan arduamente. ¡Descúbrelos aquí!

Compañeros holgazanes

Estos son verdaderamente molestos porque quieren que hagas todo el trabajo por ellos, lo cual te da doble quehacer y muchas veces puedes quedar mal con tu jefe por culpa de que él no hizo su parte del trabajo. Para nada justo.

¿Qué hacer? Si eres de los que suele hacer todo porque no quieres quedar mal o porque alguien tiene que hacerlo de todas maneras, plántale frente. Dile que no harás más nada por él y que de ahora en adelante será su responsabilidad. No tengas miedo de dejarlo en evidencia frente a tus compañeros y hasta de tu jefe porque de esa manera caerá en cuenta y no tendrá más remedio que trabajar.

Compañeros envidiosos

Muchas veces son la peor clase de compañeros porque su envidia los llena de rencor y hacen muchas cosas nocivas para el grupo. Dicen chismes, intentan sabotear el trabajo de todos, llenan el ambiente de discordia, siempre están intentando competir, son mentirosos, controladores y mucho más. Las verdaderas manzanas de la discordia en cualquier empresa.

No son fáciles de manejar, porque es un problema personal que les toca arreglar a ellos y no a ti. Puedes intentar mantenerte fuera de su radar para que no paguen sus males contigo, pero si te buscan igual, intenta hablar con ellos. Intenta ser más positivo y alentador, resalta sus cualidades para que no sientan que tienen que ser como otra persona para ser felices si no que con ser ellos mismos basta.

Puedes intentar aconsejarlos para alcanzar aquello que desean, e incluso contarles situaciones que te aquejan para que vean que no todos tienen vidas perfectas pero que, a pesar de ello, hacen el mayor esfuerzo para ser felices. ¿Quieres saber más sobre este tipo de compañeros? Lee este artículo sobre

Compañeros pendencieros

Son aquellos que siempre están buscando problemas, siempre están dispuestos a empezar una pelea o discusión. Definitivamente hacen que tu lugar de trabajo se convierta en algo por completo insoportable. ¿El secreto para lidiar con ellos? No les sigas la corriente. No tienes que darles cuentas a ellos, sino solo a tu jefe y con él te las arreglarás.

Compañeros chismosos

Esto se puede dar por muchas causas, y una es la envidia. Pero estos específicamente son más fáciles de manejar. Normalmente lo hacen para llamar la atención o tener un tema de conversación, porque sus vidas son tan tristes y aburridas que nunca les pasa nada interesante y tienen que buscar emoción a costa de los demás.

Simplemente no les prestes atención. En serio. Lo único que buscan es llamar la atención, y si no lo logran, se frustrarán y se irán a otra parte. No les alimentes el hábito y seas cómplice de sus chismorreos.

Compañeros sabelotodo

Son esos que siempre tienen la razón, lo saben todo y sino, se lo inventan. También quieren destacar siempre de entre los demás y si para eso tienen que pisotearte a ti, lo harán de buena gana y luego se sacudirán el polvo de los zapatos.

Una manera de enfrentarlos es poniéndolos a prueba. Muchas veces ni siquiera son tan inteligentes ni buenos en su trabajo, por lo que van a flaquear ante la menor presión.

Compañeros negativos

Estos son aquellos que parecen arrastrar una nube negra consigo a todas partes. Que no conocen otras frases además de “no se puede”, “es muy difícil”, “no lo vas a lograr”. Simplemente lo mejor que puedes hacer es demostrarles que sí puedes, que si es posible, e incluso animarlos a que lo intenten ellos mismos. Probablemente no querrán o se desanimarán ante la primera dificultad, pero una vez que lo logren su perspectiva empezará a cambiar.

Sin embargo, hay casos más severos donde la persona podría estar atravesando un cuadro de depresión, y necesitarán ayuda profesional.

Edith Gómez es editora en Gananci, apasionada del marketing digital, especializada en comunicación online. Se niega a irse a la cama cada noche sin haber aprendido algo nuevo. Le inquietan las ideas de negocio y, más aún, aportar una mirada creativa al pequeño mundo en el que vivimos.