4 beneficios de aprender a controlar tus emociones

Quizá has escuchado la frase “los hombres no lloran”, pero de eso no se trata este artículo porque controlar tus emociones no significa encadenarlas, sino tener la oportunidad de sentirlas y expresarlas saludablemente. Esto repercutirá tanto en tu personalidad, tus experiencias como en tus relaciones interpersonales.

Las emociones son reacciones fisiológicas a estímulos a nuestro alrededor. Nuestro cuerpo las usa como sistema de defensa y también para protegerse a sí mismo. Cuando no tenemos control sobe nuestras emociones, estas pueden instalarse en nosotros y traernos consecuencias negativas. Por ejemplo, la tristeza en sí no es negativa, porque nos pone en un estado de ahorro de energía mientras nos reponemos de algo que nos pudo haber causado dolor emocional, pero cuando nos enganchamos a esa tristeza a tal punto que se convierte en depresión o nos hacemos dependientes emocionales de alguien, estamos en problemas.

Esto quiere decir que no es la emoción lo que hace daño, sino lo que nosotros hacemos con ella. Si en este momento estás teniendo problemas de dependencia emocional, mira estos pasos en Gananci para superarla.

A pesar de lo que digan las canciones y los poemas, las emociones no se encuentran en nuestro corazón, sino en nuestro cerebro, el cual es el centro de operaciones de cada una de las cosas que sentimos física y emocionalmente. El cerebro reacciona ante estímulos externos segregando una mezcla de neurotransmisores que dictarán la emoción que experimentemos.

El cerebro también puede segregar dichos neurotransmisores apelando a recuerdos que estén muy vívidos en nuestra mente y hallan significado algo muy importante. Mientras más fuerte es la reacción, mucho mejor recordaremos el estímulo y por supuesto, lo que nos hizo sentir.

Por ejemplo, si vas a un parque de diversiones y te subes a una montaña rusa segregarás adrenalina por la emoción, lo que hará que tu corazón lata con mucha más fuerza de lo normal. Pero si de pronto durante la visita a este mismo parque, te encuentras con las personas que amas y se abrazan, tu cerebro segregará oxitocina, dopamina y serotonina. Cada una de esas sustancias hacen que nos sintamos de una manera específica e incluso que nuestro cuerpo tenga respuestas físicas a las mismas.

Cuando estamos tristes sentimos pesadez en los miembros y no tenemos energía para hacer nada, cuando estamos alegres esta energía se dispara y la sonrisa no se va de nuestro rostro, el miedo nos produce un sudor frío, temblores, el pánico taquicardia y así podríamos seguir nombrando muchas más respuestas. Como mencionamos anteriormente, cada una de las emociones tiene su función, por lo que debemos conocerlas bien y no dejar que sean estas quienes nos controlen.

Cuando aprendes a ser tú quien controle las emociones que sientes, obtendrás los siguientes beneficios:

-Aprenderás a sentirlas sin engancharte en ellas: está bien sentir las emociones ya que son parte de nuestra humanidad. De hecho, cuando las reprimes puedes tener graves consecuencias, pero cuando las sientes y puedes seguir adelante después de ellas con una actitud mental positiva estarás demostrando madurez y entereza.

Cuando te enganchas a las emociones estas se vuelven un estado de ánimo por las que regirás el resto de tus acciones. Por ejemplo, si dejas que la ansiedad se instale en ti, aprenderás a convivir con ella y en adelante las actividades que realices tendrán el miedo como filtro, por lo que se te hará mucho más complicado tomar riesgos y salir de tu zona de confort.

-Serás más objetivo: cuando controlas tus emociones podrás analizarlas y pensar antes de reaccionar totalmente desde ellas. Hay una célebre frase que dice que no hagas promesas cuando estás demasiado feliz, ni tomes decisiones cuando estés enojado. Es así porque cuando estamos en el pleno calor de las emociones podemos hacer cosas de las que más adelante nos arrepentimos.

Pero si te das el tiempo de identificar las emociones y dejar que sea la objetividad la que tome las riendas de tus acciones, te sentirás mucho mejor con ellas incluso cuando la emoción haya pasado.

Hay ocasiones en las que el miedo nos puede paralizar, ya que esa es su función, protegernos de amenazas a nuestra integridad física. El asunto es que muchas veces nuestro cerebro libera los neurotransmisores sin discernir si se trata de una situación potencialmente peligrosa -por ejemplo- una serpiente o una audiencia. Cuando controlamos nuestras emociones, podrás calmar también la respuesta física de estas en tu cuerpo.

-Fortalecimiento de las relaciones interpersonales: seguramente te ha pasado que has dicho o hecho cosas en plena rabieta de las que después te arrepientes. Esto es muy común y es una de las causas por las que las relaciones sufren fracturas: alguien dijo algo que no debía en un momento inoportuno y luego el agraviado se niega a perdonar, o aunque lo haga, la relación no vuelve a ser la misma.

Pero si durante esos momentos acalorados, tú logras tener control de ti y de las reacciones ante tus emociones, podrás cuidar tus relaciones, ya que no harás nada de lo que te arrepientas después.

-Mejora tu rendimiento y productividad: cuando desarrollas tu inteligencia emocional no dejarás que las emociones te lleven de un lado a otro como una hoja en el viento, sino que tú decidirás sobre tus acciones, lo que te permitirá ser más productivo y alcanzar tus metas tal y como te lo propusiste.