Por qué tememos ir al psicólogo

Por qué tememos ir al psicólogo

Mitos y Realidades del proceso terapéutico.

Cuando nos sentimos abrumados, agotados, tristes, agobiados, estresados, entre otros estados, es normal que recurramos a algún amigo o familiar con el podamos conversar y desahogar un poco nuestras penas.

Usualmente estas personas tienen consejos para nosotros que al ponerlos en práctica y con un poco de tiempo, suponen una solución en muchos casos efectiva, pero momentánea.

No pasa mucho tiempo antes de que nos enfrentemos a situaciones que nos hacen sentir de la misma forma, recurrimos a la misma persona, y el proceso comienza de nuevo, es como un círculo vicioso del que no nos damos cuenta que nos tiene atrapados.

Generalmente, cuando esto ocurre, se debe a que quizás tengamos en nosotros otros asuntos no resueltos, que son los que verdaderamente ameritan atención, ya que son los que nos llevan a cometer los mismos errores o caer en las mismas situaciones una y otra vez.

Aunque el apoyo de amigos y familiares es siempre beneficioso y se agradece, no siempre resulta ser lo que más nos conviene. En ocasiones, lo que verdaderamente necesitamos es visitar al psicólogo e iniciar un proceso terapéutico.

Sin embargo, raras veces lo hacemos, principalmente porque existe cierto temor o escepticismo ante ello, ambas percepciones que parten del desconocimiento de lo que un proceso terapéutico puede significar.

Es común que cuando se escucha la palabra “Psicólogo” o “Terapia” lo asociamos a locura, a problemas mentales graves, o personas que están tan mal que ameritan atención especial o algún tipo de terapia de rehabilitación; y esto, no puede estar más alejado de la realidad.

Si bien un psicólogo si trabaja con personas que padezcan alguna enfermedad mental, éste no necesariamente es el 100% de los casos, incluso, en la mayoría de los casos el psicólogo trabaja con individuos “sanos” que se enfrentan ante circunstancias de la vida que suponen para ellos una crisis.

Por ende, acudir al psicólogo no quiere decir que estamos “locos”, al contrario, significa que estamos lo suficientemente cuerdos como para darnos cuenta que quizás algo en nosotros no está funcionando como debería y necesitamos la ayuda de un especialista.

Por otra parte, el temor que se tiene en cuanto a asistir al psicólogo, no sólo se debe al desconocimiento de lo que el trabajo de un psicólogo realmente es, sino además, a la percepción errada que se tiene acerca de la terapia.

Quizás porque hemos escuchado los comentarios de otras personas, quizás porque lo hemos visto en la televisión o el cine, quizás porque lo hemos leído en libros de ficción, tendemos a asociar la terapia con un proceso extremadamente difícil y doloroso en el que primero debemos sentirnos muy mal, para luego comenzar a mejorar si es que podemos hacerlo. O por el contrario, muchas personas también tienen la idea de que se trata de algo esotérico o espiritual, sesiones en las que leen las cartas, nos hipnotizan, nos leen la mente y ven el futuro entre otras cosas. O también están las personas que deciden asistir a terapia, pero con la idea de que el psicólogo les va a decir exactamente lo que deben hacer y en una sesión ya habrán culminado y se sentirán mejor. La terapia no se trata de nada de eso.

Un proceso terapéutico no necesariamente tiene que ser en extremo doloroso; si es verdad, quizás a lo largo de las sesiones nos demos cuenta de ciertas cosas que no sabíamos o afloren ciertas cosas que teníamos guardadas, pero precisamente para eso el psicólogo está allí, para que te des cuenta de qué es lo que realmente te aqueja, y brindarte las herramientas que necesitas para solucionarlo.

El psicólogo no lee las cartas ni la mente, no usa una bola de cristal para ver el futuro; el psicólogo te escucha activamente, te hace las preguntas necesarias para llevarte a identificar lo que realmente te está afectando, y te da las claves y herramientas para que tú con tus capacidades y posibilidades consigas tu bienestar.

Sin embargo, aunque suene muy bonito, generalmente no se trata de un proceso lento en el que solo vas a unas pocas sesiones y ya; la duración de la terapia va a depender de cada caso en específico, y en algunos de estos casos, puede durar meses y años.

Lo importante, es que la terapia dure lo que dure te va ayudando a sentirte mejor en el camino; aunque requiere compromiso y trabajo duro de tu parte.

Así que si hay algo que te está molestando, que sientes que no te deja avanzar, si tu estado de ánimo no es el mejor la mayor parte del tiempo, y has intentado miles de cosas sin tener éxito, infórmate y deja los tabúes y miedos a un lado, que ir al psicólogo (a uno bueno, o el correcto para ti) puede ayudarte a cambiar de perspectiva o reconstruir tu vida, y sin duda alguna, te ayudará a encontrar el camino a la felicidad.

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