abuso parental en los niños

Si yo te dijera que busques en las estadísticas el número de niños y adolescentes que han sido o están siendo abusados física y psicológicamente por sus padres, probablemente te encontrarías con un escenario sumamente aterrador. Tristemente, todos los días alrededor del mundo, miles de niños son abusados por sus padres de forma física, psicológica y en algunos casos hasta sexual. Pero, ¿Por qué los niños no hablan del abuso parental?

Es normal pensar que si una persona, independientemente de su edad o género, está siendo abusada, lo lógico es que lo informe a las autoridades o al menos a alguien cercano, sea un familiar o amigo, de forma que el abuso pueda detenerse. Sin embargo, en el caso de los niños la mayoría de las veces no sucede así, son más los casos en los que los niños se mantienen en silencio, por temor a tener que enfrentarse a sus padres o que algo malo pueda pasar.

Pero es que si lo pensamos bien, se supone que los padres siempre quieren lo mejor para sus hijos, que cuidan de ellos y su bienestar, por lo tanto los niños raramente piensan que estos actos violentos cometidos por sus padres puedan significar una forma de abuso, incluso no saben que son acciones que pueden ser penalizadas.

Incluso, en muchos de estos casos, cuando las situaciones de abuso han sido perpetuadas y han venido sucediendo a lo largo de muchos años, los niños y adolescentes más bien tienden a naturalizarlo y llegan a pensar que son acciones naturales y normales que competen al proceso de crianza.

Por otra parte, además de verlo como algo natural, muchas veces también sucede que los niños se sienten indefensos antes estas situaciones, porque sus padres se han encargado de demostrarles que son ellos los que tienen el poder, de forma que este sentimiento de indefensión, los lleva a no querer o ni siquiera intentar hablar al respecto.

Pero estas no son las únicas razones que hacen que un niño o adolescente se rehúse a hablar del abuso parental de que es víctima. Una de las razones más significativas y que más impacto tiene en los niños, es la manipulación.

Sí, manipulación pura y proveniente de sus propios padres, esos mismos que les dieron la vida pero que además abusan de ellos, y que tienden a hacer comentarios como: “lo hago port u propio bien” cuando golpean a sus hijos abusando físicamente de ellos, o “yo sólo quiero que seas fuerte y aprendas a tolerar los insultos” cuando usan palabras agresivas y denigrantes para referirse a sus hijos.

Entonces nos encontramos con niños y/o adolescentes que además de sufrir los estragos del abuso constante, se sienten indefensos ante ello porque han perdido todo sentido de control, y además están siendo fuertemente manipulados por sus padres. Si sumamos todo esto, por supuesto que no es nada difícil pensar que estos chicos normalmente no comuniquen lo que les ocurre.

Y no solo esto, muchas veces, cuando de una forma u otra, bien sea porque un vecino vio una escena violenta o algo se escapó delante de algún familiar trayendo a la luz la situación de abuso y llegando a los juzgados, los padres se aseguran de convencer a sus hijos de no decir nada a las autoridades cuando son interrogados, acerca de lo que ha venido sucediendo.

Incluso los convencen de hacerlos parecer como “Buenos padres”, con amenazas y promesas como: “si no dices nada te juro que no o vuelvo a hacer”, “tienes que decirles que soy bueno contigo o de lo contrario te apartarán de mi”, “si te alejan de mi te quedarás solo/a y nadie te querrá”, “te prometo que te compraré ese juguete que tanto quieres si me haces quedar bien”, y así, muchas cosas más.

Al enfrentar esos comentarios, amenazas y promesas, los niños muchas veces no ven otra opción más que accede a lo que sus padres les dicen, mayormente porque es el miedo lo que los domina en el momento.

Miedo de que algo malo pueda suceder, miedo de que si dicen algo y sus padres no son encarcelados el abuso pueda ser peor después, e incluso para aquellos que a pesar del constante abuso aún quieren y se preocupan por sus padres, miedo de que algo malo pueda pasarles a ellos y en efecto los separen. Es algo así como el síndrome de la mujer maltratada.

Por otro lado, y especialmente cuando el abuso ha sido repetitivo y los padres se aseguran de que así suceda, los niños más bien se sienten culpables y merecedores de ello. Culpables de no ser lo suficientemente buenos como para ser amados por sus propios padres, o por no cumplir sus expectativas, por lo que sienten que merecen ser castigados de esa forma.

Lo cierto es que a pesar del miedo que los padres puedan engendrar en sus hijos, los sistemas de protección infantiles no siempre funcionan bien en la mayoría de los países, y es por esto que muchos casos quedan impunes, lo que lleva a que sean menos los niños que se atrevan a decir algo, y por ende, que estas situaciones sigan ocurriendo.

La clave es que nosotros como sociedad, actuemos desde la prevención, informando a los niños acerca de sus deberes y derechos, por medio de charlas y talleres en colegios y comunidades, informando, brindándoles herramientas a los niños para defenderse ante estas situaciones, y sobre todo logrando que entiendan que su cuerpo y su dignidad son intocables, y que ni siquiera sus padres pueden violentarlos.

Dejando de naturalizar la violencia como algo normal en la crianza, con las típicas excusas de la “nalgada o tiempo” o “a mí me pegaron y soy una persona de bien” que sólo nos llevan a que este tipo de situaciones se sigan repitiendo, porque lo hemos convertido en algo normal.

Ninguna forma de violencia hacia cualquier ser humano debe ser aceptada, y por tanto, si hemos sido testigos de una situación parecida, es nuestro deber como ciudadanos informarlo a las autoridades pertinentes.

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