Daño y odio
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El criticar es parte del día a día del ser humano, porque entre tantos gustos y personalidades diferentes, es difícil que podamos coincidir en todo, y por ende, tendemos a criticar aquello que no nos gusta. No porque verdaderamente esté mal, sino porque a nuestro gusto en específico, no lo está.

Sin embargo, a menudo nos encontramos ante personas que parece que la crítica es su estilo de vida, y además, pareciera que lo hacen con la intención de herir al otro. Estas son las llamadas “personas tóxicas”, porque su vida gira en torno a criticar aquello que se sale de sus estándares o marco de referencia, desde la ira y el repudio.

Criticar no es malo, si lo hacemos desde las ganas de querer que la otra persona mejore. Ahora, cuando lo hacemos con toda la intención de herir, allí sí hay un problema. Usualmente este tipo de personas tóxicas usan cualquier cosa a su favor para justificar su comportamiento o sus creencias, tratando de hacer ver que son ellos quienes tienen la razón.

Es así como nos encontramos ante personas que escudadas en la religión, la cultura, la política o los ideales, muestran un comportamiento y lenguaje agresivos, con palabras que más que transmitir “lo que está bien” transmiten odio y poca (o ninguna) tolerancia a lo que es diferente.

Generalmente, las personas tóxicas son personas que manifiestan ser extremadamente apegadas a las normas, correctas, compasivas y buenas; cuando realmente sus actitudes y comentarios muestran algo completamente diferente. Para ellas no hay puntos medios, ni opiniones acertadas si no concuerdan con su forma de pensar.

Utilizan un lenguaje grosero o soez para criticar aquello que a sus ojos no es “correcto”, y siempre buscan algo dentro de sus creencias que pueda justificarlos. Cuando se les enfrenta con argumentos firmes pero respetuosos, tienden a huir o cambiar el tema de discusión hacia otro en el que igualmente creen tener la razón.

Cuando hablamos de personas tóxicas, normalmente se hace referencia a personas que ante su propia incomodidad o insatisfacción consigo mismo (la mayoría de las veces no identificada) deciden ofender a otros como forma de proyectar sus propias inseguridades. Y es que pensémoslo bien, una persona segura de sí misma, satisfecha con la persona que es, con su identidad y sus creencias, ¿Tiene la necesidad de herir a alguien más solamente por probar un punto? Probablemente no.

Y es que, independientemente de los gustos, creencias religiosas, tendencias políticas o creencias de una persona, la base para realmente construir una buena sociedad, está en la tolerancia. Nadie, absolutamente nadie tiene la última palabra acerca de lo que está bien o está mal, y cada quien debería poder tener la libertad de decir, hacer y vivir su vida tranquilamente y como mejor la parezca, sin tener que dañar a otros.

No se trata de no denunciar lo que está verdaderamente mal, sino de hacerlo desde la postura del entendimiento y la tolerancia. No es lo mismo decir “eso está mal, es una aberración” “debes cambiar”, a decir “no estoy de acuerdo, pero respeto tu forma de ver las cosas”.

Si conoces a alguna persona que tenga estas características, quizás lo mejor sea que te alejes de ella. Las personas tóxicas solo traen negatividad a nuestra vida, porque sólo se enfocan en ver lo negativo en todo.

Es necesario que como seres humanos nos demos cuenta que somos seres diversos, que no hay uno igual a otro, y que en esas diferencias es que está lo bonito de la vida. El respeto y la tolerancia a la diversidad, nos proporciona mayor tranquilidad y contribuye con el establecimiento de una cultura de paz.

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